lunes, 3 de febrero de 2020

Lo nítido y lo borroso. Sobre la nitidez y la borrosidad en la arquitectura contemporánea







Lo nítido y lo borroso

Las relaciones entre habitar y representación, como claridad y evanescencia, emergen como condiciones de complejidad y contradicción en la arquitectura contemporánea

Juan Ramírez Guedes

Sirvan para abordar esta fugaz reflexión sobre el panorama actual de la arquitectura contemporánea las dos imágenes que acompañan a estas líneas. Se trata de dos obras relativamente recientes de un mismo estudio internacional, la firma Herzog & De Meuron, ambas correspondientes a edificios recientemente terminados en dos lugares diferentes del mundo, casi situados en las antípodas, Madrid y Beijing. Son dos edificios de “cultura y deportes”, dos categorías programáticas privilegiadas dentro del contexto de una producción arquitectónica universal en muchos casos encaminada a la construcción de una imagen emblemática que cristalice en un objeto, un discurso de hegemonía social y política, una emblematicidad sin ambages.

La reducción que se opera a través de esta selección: dos obras de los mismos autores, del mismo año, de similar condición de iconicidad, paradójicamente, desde su propia reducción encuentran, sin recurrir a un discurso genérico, un “campo expandido” de significación que sirve al propósito de hablar de esa complejidad y esa contradicción, que se nos presentan (todavía hoy, tanto tiempo después de la publicación del libro homónimo de Robert Venturi) como, tal vez velados, atributos esenciales de la arquitectura contemporánea.

Y es que la arquitectura contemporánea, la que se nos hace más patente en los medios de comunicación de masas, incluida internet, pero también en las publicaciones especializadas e incluso muchas veces en las aulas, es una arquitectura litúrgica, consagrada a la representación, antes que a la “presentación” del habitar. En esa distancia entre los objetos del espacio representable y el espacio vivible, late una contradicción inherente a esta arquitectura de la vida “otra”, la vida más allá, o más acá, del habitar, la vida ceremonial y sobreexpuesta de los museos y los estadios, de los espacios de la celebración del consenso, espacios como los de estos dos objetos que presentamos en esta apresurada y obligatoriamente comprimida reflexión.

Pero aun en la conciencia de esta contradicción que en cierto modo desnaturaliza alguna condición ontológica de la arquitectura, como arte utilitario, estos objetos manifiestan también una complejidad que les hace trascender por sobre aquella contradicción limitante. Y es aquí donde la crítica tiene que volver sobre su discurso y reconocer en las vibrantes formas del Caixa-Forum, en su inquietante levitación, en el extrañamiento que produce la superposición de volúmenes heteroglósicos, en su extraña relación con el vacío de la plaza, la capacidad de conmover, atraer la sensibilidad del espectador y transformarlo en un “habitante” sacado de una rutinaria práctica insensible del espacio, para, al menos, hacerse algunas preguntas… y marcharse para volver otra vez a un enigma que resuena en la retina como un cuadro de De Chirico.

La nebulosa imagen de “El Nido”, rodeada por las brumas de la contaminación producto de la actividad de la gigantesca aglomeración de Beijing, ofreciendo la perfecta transfiguración de una visión de un futuro como el de Blade Runner, donde el discurso tecnológico y el deterioro ambiental coexisten sin solución de continuidad, nos informa también inquietantemente sobre nuestra condición de habitantes contemporáneos; el contraste de sombra y luminosidad del Forum aquí se reformula en la recombinación fractal de la claridad y la perfección tecnológica con la fluida y entrópica evanescencia del mundo . La coexistencia de lo nítido y lo borroso: las condiciones de la arquitectura contemporánea.

Nuestra condición.

lunes, 9 de abril de 2018

Proyecto "Paralextric". Guiniguada






































Proyecto "Paralextric"

 

Concurso de ideas para el cauce del Guiniguada. Las Palmas de Gran Canaria
Primer Accesit 
Arquitectos: Angel Casas Suárez, Joaquin Casariego Ramírez, Vicente Mirallave Izquierdo, Flora Pescador Monagas, Juan Ramírez Guedes e Isidro Rodriguez Molina.

¿Guiniguada pasado o futuro?

En las informaciones que están apareciendo en la prensa en los primeros meses de 2018 sobre el tema del Guiniguada en Las Palmas de Gran Canaria y sus antecedentes, se está obviando el concurso de ideas que en los años 80 se realizó sobre las alternativas a la actual autovía. En ese concurso con un jurado organizado en torno a Oriol Bohigas y Manuel de Solá Morales como miembros arquitectos principales, si bien quedó desierto el primer premio, (probablemente por presión municipal para no contraer un compromiso). el segundo premio se compartió entre dos proyectos: "Ola de Cristal" de Chesa y Mena arquitectos (el legítimo ganador en mi opinión) y "Mandrágora" de Felix J. Bordes y un grpo de alumnos de arquitectura; un primer accesit lo recibió el proyecto "Paralextric". Todos estos tres proyectos, redactados por arquitectos profesores de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas, especialmente "Ola de Cristal" y "Paralextric", con diferentes matices, según se reseña en el acta del concurso, apostaron por la recuperación en superficie de la franja de autovía, convirtiéndola en un eje urbano, con reducción del viario rodado y un significativo aumento de la superficie peatonal y del arbolado en cota de rasante. El diagnóstico de los tres proyectos, en sus diversas soluciones, en la óptica de la época, apuntó hacia la construcción de una nueva continuidad espacial.

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miércoles, 28 de febrero de 2018

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Antimonumento y paisaje

















 

  

La “acrópolis” de El Confital

Texto de Mariano de Santa Ana

        Las ruinas de El Confital hacen de este paisaje de Las Palmas una enorme caja de ecos. Entre el yacimiento prehispánico de la Cueva de los Canarios y los búnkeres construidos durante la Segunda Guerra Mundial, resuenan tiempos desincronizados, entremezclados con los vestigios decimonónicos de las salinas y los secaderos de pescado. Sobre todo ello existe literatura científica y periodística. Apenas la hay, en cambio, sobre los restos de la gravera erigida en la entrada de esta playa de la costa noroeste de La Isleta.

        Uno de los contados estudiosos que ha prestado atención a esta ruina es el arquitecto Juan Ramírez Guedes, profesor de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas, cuyas investigaciones sobre el paisaje de El Confital y sus “antimonumentos” se han materializado en proyectos de fin de carrera, tesis doctorales y publicaciones. En la estela del artista Robert Smithson y su célebre texto “Un tour por los monumentos de Passaic”, Ramírez Guedes ha trabajado sobre la posibilidad de modular la percepción de este “antimonumento”, al que, como los búnkeres, las convenciones culturales vigentes no permiten otorgar valor monumental, porque ni porta gran espesor temporal, ni se ajusta a ideal estético alguno que lo haga digno de contemplación desinteresada. En cambio, en la óptica de Ramírez Guedes, una transformación de la mirada colectiva sobre esta ruina solo puede hacer más fascinante al ya de por sí hipnótico paisaje de El Confital.

       Por demás, aunque el tiempo de existencia de la gravera no puede medirse por siglos, su presencia tiene un porte solemne que al arquitecto le hace evocar una acrópolis. Y es que, efectivamente, su posición elevada, en un punto de dominio visual sobre el territorio, sus pilares que enmarcan la ascensión, su volumen y su geometría rotunda provocan, como en los cuadros de Chirico, la reverberación en el espacio fabril de latencias que se remontan a los cimientos clásicos de la cultura occidental.

       Todo es enigmático en esta vieja gravera. Por más pesquisas que ha hecho entre habitantes de La Isleta e historiadores que se han ocupado de los avatares del barrio, nadie sabe decir al reportero cuando se construyó ni cuando dejó de funcionar, aunque hay quien tiene vagas noticias de antepasados empleados en ella. Afortunadamente, el crecimiento desbocado de Las Palmas en las últimas décadas no ha afectado a esta parte de su litoral y hoy, en los restos de este “antimonumento”, percuten las voces insonoras de los obreros que en su interior machacaban piedras para convertirlas en grava.

       Si el rapto poético puede asaltar al paseante en cualquier punto de Las Palmas, en El Confital las condiciones para propiciarlo son más intensas. Agujero en el tejido nervioso de la ciudad, el poderoso sustrato geológico, que evidencia la energía descomunal de erupciones volcánicas remotas, y la acción erosiva del mar en eras en las que alcanzaba cotas más altas, se mezcla en esta parte de La Isleta con la reabsorción en la naturaleza de construcciones humanas convertidas en ruinas.

       Ernst Jünger, que anduvo por este paraje a principios de los años setenta del siglo XX es el escritor más importante que se ha internado en esta oquedad urbana. En sus diarios el autor de Los acantilados de mármol hizo diversas anotaciones sobre El Confital, aunque, bien es cierto, que no apuntó nada sobre la gravera. Con todo, a quien sabe de su mirada abundante, le cuesta imaginar que Jünger fuese indiferente a las “radiaciones” que transmite esta “acrópolis antimonumental”.